Sol medianoche, Laponia, Finlandia

Supongo que debe ser uno de esos “errores” que todo viajero comete alguna vez. El “ya que estoy aquí, podría acercarme allí”… Alterar los planes de un viaje, cambiar la ruta o improvisar pueden hacerte descubrir lo inesperado y convertir cualquier viaje en una experiencia diferente. Y así decidimos hacer Ivalo – Cabo Norte – Ivalo en un día. 840 km y un coche alquilado 24 horas.

La gran aliada de este plan fuera de plan fue la luz del sol, 24 horas activa durante el verano en esta latitud. ¿El objetivo? Conducir desde Ivalo para disfrutar del sol de medianoche en el balcón más privilegiado, el Cabo Norte, y estar allí, frente al mar de Barents.

Una ruta bordeando los lagos del norte de Finlandia, rectas infinitas por los bosques de Laponia, hasta llegar por un sinuoso y entretenido asfalto, al noruego fiordo de Porsargen. Por si hay alguien más sin pereza al conducir y quiere seguir la ruta, un consejo: mejor no relajarse aunque parezca que conduces por la nada. Quizá no sea fácil cruzarse con otro vehículo, pero en cualquier curva o a la sombra de un túnel puedes topar con un enorme grupo de renos. Ni se alarmarán al verte ni tendrán prisa por marchar. Recuerda que eres tú el que ha invadido su espacio, así que… be careful & keep calm!

Laponia, renos

Cuando conduces y pretendes recorrer una larga ruta es importante escoger una buena música como compañera de viaje. Una música que sirva para que los sentidos puedan viajar a su ritmo, ya que la velocidad de un coche y la de las sensaciones son distintas, pero sorprendentemente siempre llegan a la vez.

El monótono paisaje de los infinitos bosques de abedules del norte de Finlandia nos acompañaba durante horas. Árboles y más árboles, altísimos, de brazos caídos en invierno y que en esta época del año arañan el cielo llenándose de luz y olor. Cuando regrese el frío volverán a dormir porque el paisaje ártico es intenso y sabe defenderse. Aquí, la naturaleza es pura y extrema.

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En el coche suena “Roads” y la voz de Beth Gibbons construye un camino irremediable. Una de esas canciones que resume la esencia de todo el que la escucha, minimalista y simple, cómo el ártico. Tierras indómitas, de soledad y de abandono donde las heridas duelen más, donde el amor es solo amor (nada más y nada menos) y donde tú simplemente eres tú.

Cruzar el Círculo Polar Ártico y adentrarse en el norte puede ser una trampa perfecta para el alma. Como la Gibbons, clavará un puñal descarnado en tu pecho… pero también te llenará de esperanza. Como el sol de medianoche, que baja a tocar el horizonte en el mar de Barents, hace quemar de rojo al cielo y vuelve a elevarse para iluminar la noche.

Trip Song

Roads (Portishead, 1994)