En un lugar de la Mancha cuyo nombre recordaré siempre, los hombres tienen las manos del mismo tamaño que su corazón.

Ese lugar en la Mancha es Consuegra. Uno de esos sitios en los que debes parar al pasar. Y para mí, un lugar que me ha adoptado y donde mi alma tiene un refugio. De los que deben estar en la lista de pendientes  “donde estar antes de morir”.

Paseando por sus calles siempre ves allá en lo alto, la cresta del cerro Calderico dominado por sus gigantes molinos quijotescos y un castillo. Tan sólo tienes que subir “la cuesta” y en nada tendrás la visión de un horizonte infinito, con los campos a retales construyendo un mosaico de colores trabajado con las manos y el sudor de los hombres buenos de esas tierras.

Son doce los gigantes que coronan el cerro y llevan cientos de años luchando con los vientos, atrapando en sus aspas las palabras y secretos que vuelan en el polvo. Polvo en el viento, los sueños de los que ya no están, pero que los molinos se encargan de mantener vivos y hacer revolotear.

Allí en lo alto imagino historias… las gentes del pueblo y el viento me han contado muchas. Recuerdos vividos que yo imagino en plano secuencia. Los muchachos lanzando piedras en una batalla sin igual, los tanques nacionales apareciendo en el horizonte durante la guerra civil, el arrancar los molinos viendo girar sus aspas aletear y el gemir del viento en la molienda.

Un lugar donde gritar, un lugar donde he besado a la mujer que amo. Un lugar donde cerrar los ojos, conectar con el universo y entender que un día volarás en él porque todo lo que somos es polvo en el viento…

travelsketch: Lluís Trillo © Atelier

Trip Song

Dust in the wind (Kansas, 1977)